martes, 18 de septiembre de 2012

Vos

El Amor es un olor,
un recuerdo,
una huella dactilar.
Tu piel sobre
mi piel.

lunes, 17 de septiembre de 2012

No tengo...


No tengo auto.
No tengo propiedades.
No tengo guita.
Pero tengo libros,
unos buenos discos y 
una guitarra.
Y, sobre todo,
me tengo a mí
todito
con mis rulos
y mis ojos achinados
que encierran muchos mundos.
También tengo
manos
para guardarte
(si tenés ganitas).

lunes, 27 de agosto de 2012

Sister morphine...



Sister morphine, ayudame a dormir, a sacarme las agujas de mi espalda, todas esas agujas infectadas que me impiden acostarme. Vení, hermanita mía, metete suave y profundamente en mis venas, por esas autopistas que hay en mis brazos, y corré, corré rápido para llegar a mi corazón y a mi cabeza perturbada por axones maltrechos y chispazos de dolor que enceguecen y hacen cortocircuitos en los interst
icios de mis pensamientos, de mis sentimientos abandonados a la pared blanca de la nada. Sister morphine, alquimia, dulce gota de opio, ayudame a hacer noni, cantame cancioncitas de cuna en esta noche clara tras las cortinas azules de la nostalgia y la melancolía; traeme esa botella de whisky, de caña Legui, de café al cognac, de ginebra Llave y ponemela acá en la mesita de luz así mientras yo tomo de a sorbitos vos me ayudás a sacarme una por una las agujitas de mi espalda, las brasas de los pies, la gilette de los labios, la basurita de los ojos, la mosca en el oído y la espina en la garganta. La espina, esa espina que tiene forma de mujer de pelo negro. No puedo pesatañar porque su figura me hace doler, me lastima el iris y la retina con el brillo de sus dientes de perlas de ultramar. Y mis labios sangran sin parar el sabor de unos besos de un poco de piel que lastimalastimalastimalastimacomolareputísimamadrequeloremilparióylaconchadesumadre, es que, hermanita, sister morphine, no me hacés efecto. Sweet soul sister, dale, vení, metete por la profunda autopista de mis venas y ayudame a dormir.

El genio de la multitud - Charles Bukowski

Para el gran Hank Chinaski.


Hay suficiente traición y odio, 
violencia. 
Necedad en el ser humano 
corriente 
como para abastecer cualquier ejercito o cualquier 
jornada. 
Y los mejores asesinos son aquellos 
que predican en su contra. 
Y los que mejor odian son aquellos 
que predican amor. 
Y los que mejor luchan en la guerra 
son -AL FINAL- aquellos que 
predican 
PAZ. 
Aquellos que hablan de Dios. 
Necesitan a Dios 
Aquellos que predican paz 
No tienen paz. 
Aquellos que predican amor 
No tienen amor. 
Cuidado con los predicadores 
cuidado con los que saben. 
Cuidado con 
Aquellos que 
Están siempre 
Leyendo 
Libros. 
Cuidado con aquellos que detestan 
la pobreza o están orgullosos de ella. 
Cuidado con aquellos de alabanza rápida 
pues necesitan que se les alabe a cambio. 
Cuidado con aquellos que censuran con rapidez: 
tienen miedo de lo que 
no conocen. 
Cuidado con aquellos que buscan constantes 
multitudes; no son nada 
solos. 
Cuidado con 
El hombre corriente 
Con la mujer corriente 
Cuidado con su amor. 
Su amor es corriente, busca 
lo corriente. 
Pero es un genio al odiar 
es lo suficientemente genial 
al odiar como para matarte, como para matar 
a cualquiera. 
Al no querer la soledad 
al no entender la soledad 
intentarán destruir 
cualquier cosa 
que difiera 
de lo suyo. 
Al no ser capaces 
de crear arte 
no entenderán 
el arte. 
Considerarán su fracaso 
como creadores 
sólo como un fracaso 
del mundo. 
Al no ser capaces de amar plenamente 
creerán que tu amor es 
incompleto 
y entonces te 
odiarán. 
Y su odio será perfecto 
como un diamante resplandeciente 
como una navaja 
como una montaña 
como un tigre 
como cicuta 
Su mejor 
ARTE. 

jueves, 23 de agosto de 2012

Dale, mi amor, levantá más alto el cartel...



Dale, mi amor, levantá más alto el cartel, pero no te pongas tan cerca de las bombas de estruendo. Corré, corramos, que ahí vienen los ovejeros rabiosos, las cachiporras, los gases pimienta y las balas de goma. El Estado nos culea, mi amor, nos mete más y más el puño por el orto. Demos la vuelta a la manzana, tiremos una molotov, volvamos a la columna, gritemos y nos besemos en medio de la balacera y de las gomas quemadas, hagamos el amor en la Cañada, en la Plaza de la Intendencia, en el Paseo Sobremonte mientras los otros arrancan las baldosas para revoleárselas a la cana mientras ellos disparan balas de goma detrás de sus escudos y sus cascos, mientras ellos cagan a palos a los estudiantes, a los docentes, a los trabajadores y a los jubilados.
El Estado te mata, mi amor, no dejemos que el sargento obedezca las instrucciones de seres invisibles y poderosos. Ellos obedecen como perros falderos, mi amor, y vienen con las itacas cargadas de impunidad. El estado nos coge por el culo: mientras suben los impuestos y nos dejan sin futuro, sin transporte, sin educación, sin salud, los gringos no paran de levantar el granito de oro y nos riegan con glifosato y mientras más gordos estén más subsidios les dan. Pero acá, mi amor, nos vienen con los palos y los perros. Vamos a hacer el amor en la fuente del perdón mientras los gremios se matan con la cana y nos comamos un par de balazos de goma entre orgasmos y la envidia de todos. Prefiero que el Estado me coma por amar.

Vení, morocha...




Vení, morocha, si sabés que sin vos no puedo. Dame tu mano, dejame que me agarre de tu mano fuerte de algarrobo y que bese tu cuello perfumado como un bosque serrano. ¿Sabés las ganas que tengo de morder tus labios dulces de selva negra, de nutella, y de sentir tu sonrisa junto a mi boca en ese manantial que sólo nuestras lenguas conocen? No me digas que no, negra, no me dejes caminando solo si son tus piernas las que me sostienen, esas piernas de barro y sol y esa espalda infinita como un desierto de arcillas y tus ojos de aljibe profundo que encierra galaxias. Negra, dejame ser otra vez al costado de tu sombra, durmiendo abrazado a tus misterios, al secreto milenario de tu piel y de tu sonrisa nocturna. Dejame adivinar con qué revoluciones estás soñando, dejame ser parte. Dejame ser parte del secreto de tu piel.

jueves, 12 de julio de 2012

No me canso de perder amores...


No me canso de perder amores en las apabulladas calles nocturnas, entre cigarrillos aplastados y botellas de cerveza negra. Y el pobre sentimiento, flaco y hambreado, maltratado por las falsas ilusiones, se escabulle entre las líneas de libros que leí y el asfalto frío de una ciudad pintarrajeada con faroles anaranjados, recitales y las risas de mis amigos.
Las barras de los bares son como altares para las religiones de los excluidos de un Testamento posmoderno lleno de vicios y de lugares comunes.
No me canso de perder amores, de extraviarlos en ciudades lejanas donde la distancia se mide en mails no contestados, solicitudes no aceptadas en Facebook y en celulares muertos. Amores desparramados por todo el mundo, en ciudades inmensas y en pueblos fantasmas.
Pero las barras de los bares, al igual que los kioscos, son confesionarios nocturnos y despojados. De repente, situado en el estanque de mis emociones, algo altera el orden cósmico al que estamos aburridamente acostumbrados, y alguien le propina una paliza a otro, y ese otro reacciona sin medirse, y al igual que en la canción Masacre en el Puticlub, los vasos y las botellas vuelan por los aires junto a los sillazos despiadados que son insultos de madera y pino.
Y más allá de los bares desmantelados y de las veredas de cordones desatados, hay lugares en el mundo donde tengo amores perdidos. Y la noche no los hará volver más que en libros, discos y botellas de cerveza negra.

lunes, 2 de julio de 2012

Alguien en la casa...



Alguien en la casa tiene el secreto para desvelarme, para hacerme perder el sueño entre libros apilados, discos rayados, pulóveres y frascos de desodorantes vacíos. Y no sos vos, tampoco yo, quien se filtra entre el humo de los cigarrillos y el gusto de tus besos en medio de los mates y de cuadraditos de chocolate. Alguien en la casa me lleva por peatonales desiertas, por una cañada de aguas oscuras, por plazas de faroles naranjas y paradas de colectivos fantasmas. Hay alguien en la casa que me trae el perfume de tu piel entre los abrazos desnudos o de lanas, bufandas y capuchas; esos abrazos cómplices de nuestras bocas que están ahí, al acecho por buscarse, explorarse y morderse entre jadeos y sonrisas en la oscuridad. Pero ese alguien no se atreve a llenarme la casa de olvido, de ventadas empañadas por polvillos y cenizas de las horas muertas de la desesperanza, sino que habita en el placer puro y primitivo de nuestros cuerpos frente a frente, del instante universal donde dos seres conviven uno en el otro cuando se convocan por la fricción mística de nuestros sexos y...
Alguien habita la casa.




Nota mental:





Hay que tener huevos para declarar amor. El amor ya casi no se siente. No veo gente chapando en las calles ni cogiendo en los baños de los bares. Amemos públicamente. Un beso puede más que todo el arte del mundo.

Te amo porque amarte ahuyenta la muerte...



Te amo porque amarte ahuyenta la muerte, amándote puedo trascender la idea vacua de la solitariedad, porque ser solo no se corresponde con conformarse a vivir en una burbuja autista rozando el revoque grueso del recelo y el resentimiento. Y te quiero con un amor de padre o de niño, esos quereres inmensos, inconmensurables donde lo único que cabe es la idealización de todos los quereres y la realidad de los momentos que se comparte. Y acá estoy yo y allá estás vos, cubierta de neblinas, de lluvias, de adoquines. Pero acá camino bajo los cables del trole viendo chispazos en las esquinas como pequeños refucilos urbanos. Pero, guarda, no creas que soy tan inocente como para no pensar en tus crímenes, esos que no lo son pero que yo veo como actos de criminalidad porque sé que de alguna manera todo lo que hacés lo hacés para lastimarme, para matarme de a poquito, crímenes que no veo, que imagino, que invento en mi cabeza, pero ese dolor autogestionado sea quizá la manera de tenerte todo el tiempo conmigo, claro, aunque no lo estés, porque nos separan lluvias insalvables, noches y siestas de plomo, y qué carajo importa si escucho Alice In Chains o Spinetta, o si leo a Kerouac o a Fabián Casas, total mi mundo proyectado, ese que vos caminás y que yo imagino, existe al abrir las páginas de un libro o al ponerle play al equipo, estás ahí, vivís en él. Pero pareciera que nada importa, esa sensación de que todo te chupa soberanamente un huevo, de que de un día para el otro uno deja de existir para la frágil memoria sentimental tuya, es que muchas veces extraño tus manos de nidito de pajaritos azules, tu cuerpo luminoso como el banco de una plaza nocturna, la profundidad mística de tu sexo al igual que una selva tropical o que el Titanic a cuatro mil metros bajo el mar. Tus besos de sopapa cósmica, el sabor de tu boca que me absorbe en pequeñas muertes. A pesar de lo que digan todos, me encanta la rutina del amor: los mates, las charlas, las exploraciones subterráneas y subacuáticas de nuestros cuerpos, los nudos bajo las sábanas y la sorpresa constante de saber que cada día nos reinventamos el uno para el otro y tirarse bolas de nieve y posar hojas secas es lo mismo que comerse un chori o que cojer en el baño de un bar o de un cine, o bajo los ligustros del Paseo Sobremonte. Pero vos ya no te tomás el E5 para volver a tu casa, yo sí me tomo el C4 o el trole para volver a la mía. Y te extraño, extraño nuestra rutina de besos con criollitos y mates en la Plaza de la Intendencia, o amarnos con boinas y guantes en las estanterías de Rubén Libros, o bajo los faroles de Güemes y el Paseo de las Artes con sus sahumerios y sus panes rellenos. Por eso te amo, porque mi amor sumado a tu ausencia me hacen ver más allá de lo que soy, mozo, guitarrista, escritor, periodista, ex de muchas cosas y mujeres que me dejan todo el tiempo vaya uno a saber por qué. Pero acá estoy, trascendiendo y ahuyentando a la muerte, que es lo mismo que el olvido.

Los claveles del aire...



Los claveles del aire y los pájaros tendidos de los cables forman pentagramas de una silenciosa música urbana. El frío de la ciudad me esconde detrás de polerones y gamulanes, pero el frío tuyo me hace huir detrás de libros polvorientos, de discos rayados y de bares oscuros. ¿Dónde puedo revolear esta tarde a la mierda, revolearla lejos, bien pero bien al carajo? No necesito tardes como esta, de gamulán y polerones, en las que vos y yo nos escarbábamos para encontrarnos uno en el otro, uno dentro de otro, huyendo de fríos infernales y regocijándonos en el calor de nuestras pieles, de nuestros labios, en las húmedas trincheras de nuestros cuerpos abandonados en el frío, como esas pobres trincheritas heladas de las Islas Malvinas, pocitos de agua helada, de pastos secos, de vientos salados. Salados como tu boca de conito 3'D, de galletita Rex, de Club Social. Y jugamos revolcados bajo la espesura de una frazada vieja, nos arañamos juguetones como dos cachorros de tigre, y nos mordemos como si nuestras bocas fueran rodajas de melón. Pero el frío de la tarde te hace ausente bajo mis frazadas viejas, ausente en mis libros de Cortázar, de Galeano, de Kerouac, de Bukowski, de Alen Ginsberg, de Enrique Symns, de Arlt, de Dostoievski. Y no te escucho en mis discos de Pink Floyd ni de Deep Purple, ni de Hendrix ni de Joplin, ni de The Doors ni en la pinchila del mono. Y ese pentagrama que se dibuja tras los vidrios mudos de mi ventana con notas lejanas de palomas, gorriones y claveles del aire tambalea tras la copa de los árboles muertos del otoño. Y yo sigo acá, con un mate frío atrás de gamulanes y polerones.

Noche prematura



La noche de este martes prematuro es una frazada de plomo. La llovizna me incita a buscar los pasos que perdí en calles que ya no recuerdo. Tachos de basura, taxis, bodegones y papeles arrastrados. Las veredas están muertas. Voy en busca de mis pasos y de algo que me ayude a aplacar el frío de la noche, de este otoño que promete grises y ocres. Un blues me acompaña. La ciudad es una botella rota, un atado de puchos vacío.

Cita:

"Amor" es un sustantivo abstracto, algo nebuloso. Y sin embargo el amor resulta ser la única parte de nosotros que es sólida, mientras que el mundo se da vuelta y la pantalla queda negra. No podemos saber si nos sobrevivirá. Pero podemos estar seguros de que es la última cosa en irse.-
Martin Amis (Escritor inglés, 1949)

martes, 15 de mayo de 2012

¿Amigos? Amigos son los huevos...


¿Amigos? Amigos son los huevos. No me pidas que sea indulgente. No quiero más amigas, no las necesito, a mis amigas no las beso, con mis amigas no cojo. Amigos, tal vez, éramos cuando nos unían los mates en tardes heladas en un campus universitario. Pero, después de habernos dinamitados los cuerpos, luego de haber explorado nuestras laderas ocultas, de haber buceado en nuestras profundidades, de habernos mordido y rasguñado como leones cachorros... ¿amigos?
Morder tus labios con sabor a mates y a Ferrero Rocher, los abrazos y los puchos, Spinetta, Artaud, Cortázar y Drexler... Colectivos atestados y apuntes tachoneados. Nuestras veredas eran una cuerda floja en la cual, si alguien caía, arrastraba al otro como un transatlántico en hundimiento en medio del Pacífico, succión oscura y vertiginosa. Y esas madrugadas lisérgicas y psicodélicas llenas de pieles y de besos a tientas. Y recorrer la espesura de la noche entre la profundidad de nuestros pelos enmarañados. Taxis sin nomenclador en Atlántidas de cemento. Botellas de whisky bebidas del pico, exprimidas por nuestras manos ansiosas. Manantiales de espuma loca brotando de la más dulce de las vertientes. Cataratas de cerveza negra y arroyos de merlot-malbec chorreando de los edificios.
La amistad es un perro malo que muerde los tobillos y se las pica.
La nostalgia es la parte lluviosa de la belleza.
La ciudad sin vos es un termo roto. Un paquete de yerba vacío.

Pink Floyd, John Coltrane...


Pink Floyd, John Coltrane, Divididos y Jorge Drexler alimentan mi insomnio en una madrugada de fuego, tendido en mis discos y en mis libros con cigarrillos intermitentes que son un placebo para acortar las horas que me quedan para volver a verte. ¿Cómo no querer caminar a tu lado si sos más linda que una lluvia, si mirarte es estar en una playa desierta con todos los sentidos extraviados en el mar?
Ojos de caleidoscopio nocturno, de noche rota en autopistas veloces. Y el jazz mezclado con la voz de Mollo hacen un tremendo lío en el Winamp. "Vestite, pebeta, que te llevo a pasear". Vos, si, dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo, como dice René. Subir por lo inhóspito de tu espalda y terminar recostado en tu cuello, y respirar desde ahí todo el perfume de tu piel de musgo.
Y las horas son un carreteo lento y pesado lleno de escombros si no camino agarrado de tus manitos de nube, manos como dos niditos de pajaritos azules. Imposible dormir sin escucharte reír, sin perdernos en charlas extravagantes en medio de mates o de botellas de cerveza verde. Quisiera sostenerme en lo primigenio de tus piernas y dormir junto a tus besos de snack con sabor a Océano Pacífico, y nuestras bocas derretidas como dos chocolatines en el calor y la humedad de esta noche de aljibe.

En mi cueva tengo alucinaciones...


En mi cueva tengo alucinaciones. La voz del Flaco Spinetta y mi vaso de vino me llevan por noches de ayahuasca, sobrevolando el olor de mis libros, el polvillo, los parlantes, las cajitas de los discos, los apuntes de la facultad, la ropa doblada, el cuadro de Jim Morrison y los frascos de perfume. Y el frío de este otoño me invita a mirar el cielo que parece un vidrio roto, un aljibe profundo. La penumbra de mis paredes naranjas y el cigarrillo encendido, los papeles escritos. Reviso mis rincones y no me reconozco. Voy tirando y embolsando señas de una vida pasada, de alguien que ya no soy, que alguna vez quizá fui. Voy tirando a la basura restos de una infancia y de una adolescencia empañadas. La brasa del sándalo prendido hace juego con la de mi cigarrillo en la penumbra fría de mi cueva. El vino se filtra por mi lengua al igual que el caramelo líquido de tus besos, esos que quiero volver a probar en un vaso de vino. No tengo porros, pero me fumaría un par de secas para meterme más en la fiebre de esta noche cerrada, poder relajar más mi cuerpo y sentirte cerca, quizá, respirando al lado mío mientras suena Spinetta y sacás algún libro de mi biblioteca para ponerte a leer, y tus zapatillas desatadas en el suelo y vos conmigo acá sentados o acostados en esta cama que también es mi sillón y el portal para dimensiones inexploradas cuya llave es un beso de los tuyos, un beso de esos en los que me mordés el labio de abajo y nuestras lenguas comienzan a rosarse como dos perros que se cruzan por primera vez en la calle. Y por qué no jugar y pensar que estamos en una ciudad desconocida, con las patas con tierra de tanto caminar y los hombros cansados de nuestras mochilas repletas de ilusiones. Conocer ríos, bosques, playas y montañas, dormir con una luna diferente cada noche, abrigarnos con el calor de nuestras pieles. Dejar que nuestros pies sean quienes nos digan qué tenemos que hacer y cuándo. En la contratapa de un libro, un poeta desconocido escribió: "Te dibujarìa todo el mapa de Amèrica Latina en la piel, y te lo recorrerìa centìmetro a centìmetro haciendo revoluciones". La nostalgia es la parte lluviosa de la belleza. Y estoy acá, con la voz del Flaco, con mis libros y con un vaso de vino que no sé si voy a poder terminar.

Ciudad de los baches...


Ciudad de los baches, ciudad del cuarteto y del chori cocido en vinagre. Ciudad gobernada por un intendente drogadicto y corrupto; ciudad gobernada por basureros, taxistas y remiseros truchos; ciudad gobernada por punteros barriales y por inspectores municipales coimeros. La cara de la verga. El Patio Olmos, la rampa del Cineclub Municipal, La Alameda, Pétalos, Los 7 Locos, el Paseo de las Artes, la calle Belgrano, la General Paz, la Rondeau, Independencia, el BV. San Juan, la Colón... Librerías, disquerías, saldos editoriales, bares, cafeterías, telos, kioscos, afters y la re concha de tu madre. El otoño es una caricia en la cara que muchas veces se convierte en un ventarrón que nos quiere peinar para adentro; pero nos fruncimos ante cualquier actitud violadora de la sociedad o de la naturaleza. " La fresca" nos invita a los cines, a tomar café con carlitos, a coger como si se acabara el mundo, a refugiarnos en hombros, brazos y abrazos; a guardar nuestros besos en labios tibios, en pieles electrificadas. El amor da terror, la gente huye, desaparece, cuando en realidad el amor es la prueba vital, es el gesto vital... Ya nadie muere por amor, todo es especulación e histeria. Basta de burocracia afectiva. El arte y la cerveza negra deberían ser obligatorios en las escuelas. Clase de música de 5° año: investigar sobre la Jam Session del 990 Arte Club. La pija, todos ven Tinelli y leen esos diarios de mierda que dicen que las Malvinas son inglesas.
La vida es eso que te pasa mientras no estás con la persona que te ama.
La vida es eso que te pasa mientras la Mole Moli baila por un sueño.

Soy esto que ves...


Soy esto que ves, esto que viste. No soy lo que imaginaste, soy lo que conociste, lo que tocaste, lo que acariciaste, lo que besaste, lo que rompiste.
Soy mi palabra y mi piel, mi poesía y mi música; mis libros, mis discos y mi guitarra. Soy el amor que derramo y el odio que me trago.
Soy lo que conociste.
Sabés dónde encontrarme. Ahí voy a estar. Acá ya no.

Sólo espero que llueva...


Sólo espero que llueva.
La noche se puso perfume, se ató el pelo y salió, así, sin bañarse, y me agarró de la mano para ir a pasear por una cañada oscura, por peatonales de posguerra y por bares de cervezas urgentes.
Quizá piensen que soy un loquito por caminar solo bajo las oscuras luces de la ciudad de los baches, pero es algo que me sedujo desde siempre y hace tiempo que lo llevo como forma de vida.
El kiosco del Charly siempre me recibe con sus Philip y el mini Bic de la suerte. El trago amistoso en el bar de Juampi, los abrazos y el recuento de las últimas anécdotas. Borracheras extraviadas, mesas como confesionarios, y amores que son como botellas vacías. Cañadas de cocaína y choritos en moto. Peatonales de basureros. Avenidas de taxis y remises sin unificar.
Sólo espero que llueva.
Camino solo por el centro de una ciudad con anestesia local.
Pétalos es mi búnker, mi trinchera. La cerveza negra y las charlas entremezcladas con videos de Audioslave y de Todos Tus Muertos. La gentileza, el calor y las mochilas de protones siempre están listas para cazar fantasmas.
Con el pucho encendido en la vereda veo una peli de Buñuel en Súper 8, o la misma calle que es un delirio surrealista.
Solo espero que llueva.
Los bares que cierran, los telos. Los puestos de diario roncan con olor a Papel Prensa.
La ciudad está cubierta de nubes naranjas. No cae una puta gota. Camino solo porque no estás, sino caminaría con vos. Pero cuando dejo de caminar vuelvo a mi cueva y acaricio un poco mi guitarra. El afinador y los mates me traen acordes olvidados. El perfume de la yerba me trae tus besos de ojos cerrados y tu piel de playita abandonada. Pero no quiero pensar tanto en vos. Por eso quiero que llueva, para dejar la guitarra, apagar la luz y poner Pink Floyd.
Y sé que te voy a extrañar igual en mi cueva sin vos y sin tu risa, pero con lluvia la imperfección es perfecta.
Sólo espero que llueva.


La tormenta se agazapa...


La tormenta se agazapa en el ocaso de una tarde de plomo, tarde en la que la soledad y los mates me invitan a pensar pelotudeces en un día lleno de paja. Los alfajores Jorgito y el gusto amargo de la yerba caliente son un orgasmo en mi paladar.
Y, como siempre, la música condimenta lo más carnal de mi introspección. Pearl Jam, John Lennon, Estelares, Massacre, The Cult y Janis Joplin van y vienen en viajes lisérgicos por las fibras ópticas de mi mente.
El cielo se nubla con una frazada inmensa de cenizas frías, y pienso en tus ojos de caleidoscopio nocturno y en el perfume de tu piel como una playa abandonada. Sentir tu respiración en el silencio inerte de noche, en la tensión de una tarde de lluvias por explotar. El jugueteo de nuestros pies perdidos bajo las sábanas, nuestros labios tratando de reconocerse entre sí, anagnórisis de pieles y sabores. Morder tu boca despacito, la ternura de tus labios como una fruta madura. Abrazarnos así-juntitos-encajamos-en-nuestros-abrazos-así-tal-para-cual como un rompecabezas perfecto, místico, inconmensurable, así son nuestros abrazos.
Amo la perfecta imperfección.
Celebro tu nombre y tu locura por sobre todos los atardeceres.
Celebro tu voz y tu piel por sobre todas las lluvias.
Nunca vas a ser costumbre.
La libertad es con vos.